miércoles, mayo 23, 2007

Bicho raro

Cuando era más joven (concretamente el sábado pasado), entró en casa un bicho. Un bicho bastante gordo.

Al principio creí que era una libélula de unos tres o cuatro centímetros. Pero mirándolo más detenidamente, me di cuenta de que más bien era un cruce entre mosca y libélula. Supongo que hasta los insectos van lo suficientemente salidos de vez en cuando como para darse un achuchón con individuos de otras especies. O eso, o alguien ha construido de verdad el cacharro ese teletransportador de la película La Mosca.

Ya sabemos de dónde sacan los dibujantes japoneses las ideas para los monstruos: les basta con esperar a que un bicho les entre por la ventana.

Bueno, fuera lo que fuera, el problema era deshacerse de él.

A excepción de cucarachas y mosquitos, no me disgustan los insectos, pero cohabitar con uno es harina de otro costal.
Si es inofensivo, mi estrategia es confiar en que pronto se aburrirá de mi casa y se irá a un sitio más interesante desde el punto de vista insectístico. Esta método tiene una tasa de éxito más alta de lo que puede parecer a primera vista, y además requiere nulo esfuerzo por mi parte.
Pero si es peligroso, entonces hay que tomar medidas.

Tomemos por ejemplo un caso acaecido hace ya un porrón de tiempo, cuando el mundo era joven, los diplodocus se paseaban por la Tierra y Saturno se estaba haciendo una parrillada con sus hijos mientras Goya tomaba apuntes en su cuaderno de bocetos.
O bueno... mejor no nos remontemos tanto, porque entonces yo aún no había nacido.

El caso es que hace unos cuantos años, mientras estaba en el salón de mi casa charlando con un amigo que había venido a visitarme, de repente escuchamos un zumbido en la terraza y vimos que se había colado una avispa.

Ejemplar parecido a la de aquel día. La que entró en mi terraza era mucho más mortífera. Me pareció ver que hasta llevaba unos nunchakus.

Lo primero que se me ocurrió fue chillar, pero como eso queda poco varonil y tal, lo que hice fue cerrar la puerta de la terraza para que no se nos colara en el salón.
Después, pensé qué curso de acción tomar.
Lo más seguro, sin duda, era dejar cerrada la puerta de la terraza a perpetuidad y que hiciera allí su vida. Razoné que la esperanza de vida de una avispa debía de ser sensiblemente menor que la de un humano, y en un plazo razonable ella moriría de vieja y yo podría volver a usar la terraza.
Mi amigo, en cambio, tuvo otra idea con efectos a más corto plazo: coger el insecticida y cargárnosla.

No obstante, la cosa no iba a ser tan sencilla. Para empezar, el insecticida llevaba más de un año caducado.


Bueno”, deduje yo, “así se habrá hecho más tóxico y matará más”.


Era bastante lógico. Una vez casi la palmo por comerme un yogur que no llevaba ni una semana caducado, así que en esas condiciones, el insecticida seguramente desintegraría a la avispa, como mínimo.
El siguiente problema era decidir quién abría la puerta de la terraza para rociar el insecticida. Porque estaba seguro de que la avispa se lanzaría enseguida a la mano del valiente que se atreviera a asomarse.

Sinceramente, no recuerdo cuál de los dos llevó a cabo la heroica tarea. Supongo que mi amigo, ya que por aquel entonces yo ya había aprendido el sutil arte choricil de la delegación.
La misión fue un éxito y el temible díptero falleció entre agónicos estertores. Quizás algún día los de Hollywood hagan una película de tamaña gesta.

Imagen del final de la avispa.

Y después de este prólogo, más largo que el post en sí, volvamos a la mosca-libélula.

Al ser un insecto desconocido, y además japonés (ya sabemos que todas las criaturas japonesas están irradiadas), lo más probable es que ocultara peligrosos poderes mutantes. Así que la situación estaba clara: o lo exterminaba yo a él, o él aniquilaría a la humanidad.
Sin pensármelo dos veces, eché mano al insecticida. Pero después de meditarlo un poco, recordé que no tengo insecticida. Así que le di un cigarrillo, que dicen que el fumar mata mucho.

Pero espero que haga efecto pronto, porque el maldito se ha enganchado y tengo que comprarle una cajetilla al día. A este paso, me habría salido más barato mudarme de piso y dejarle este al bicho.

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8 Comments:

At 4:14 a. m., Blogger Robo said...

Si te sirve de consuelo, yo en lo que respecta a los bichos (mariposas incluidas) soy una nenaza; me dan miediasco, si se me permite el neologismo.

De todos modos cabe decir que los bichos de japón son mucho bicho para los ojos europeos no acostumbrados.

Por ejemplo, hay un tipo de abeja en Japón llamada 雀蜂 (suzumebachi) que traducido literlamente al castellano quiere decir "Abeja-gorrión", para que os hagáis una idea del tamaño.

De todos modos, a los japos al parecer les gusta bastante el tema de los bichos.

 
At 7:26 a. m., Blogger Nox said...

Jajaja, que buena estrategia utilizaron tu y tu amigo Don Guri para matar el bicho, yo que tu tendria cuidado con eso de que muchos de los bichos en japon tienen radiación en una de esas lo haces mas fuerte con el insecticida.

Nota: Comprale al bicho que esta viviendo en tu casa de los cigarros que no tienen filtro, esos matan mas rapido.

 
At 4:28 p. m., Blogger Don Guri said...

Robo: Me he leído el artículo de la Wikipedia del suzumebachi que has enlazado y... joder, qué ricura de bicho. Este es el párrafo que más me ha llamado la atención:
"Su veneno contiene hasta ocho sustancias químicas, entre las que se encuentra un agente que destruye tejidos, otro que provoca dolor, y otro que despide un olor para ATRAER MÁS SUZUEBACHIs hasta la víctima".
Ya no salgo más de casa sin mi traje de malla metálica.

Nox: "Comprale cigarros que no tienen filtro, esos matan más rápido".
XDDDDDDD
Muy buenos tus dos "consejos" (^_^)

 
At 9:01 p. m., Blogger Jezabel said...

A mí una vez me atacó una polilla del tamaño de un caza... ¡si hasta llevaba un americano dentro!
Heróicamente, chillé y chillé hasta que vino mi compañera de cocina a salvarme.

Si hay alguien menos susceptible al pánico que tú en la casa, chilla y chilla. Sólo por que te calles, matarán al bicho inmediatamente.

 
At 2:19 a. m., Blogger Gato said...

Jo, Don Guri, yo tuve el encuentro más doloroso de la historia con una hormiga gigante. Andaba yo sentadita en el cesped, con ocho o nueve años, y con unas amigas. Iba con un vestidito con falda de vuelo (ese que una se coloca al sentarse, para no enseñar las entrañas) y unas braguitas de algodón del mercadillo. La descripción de la vestimenta exterior e interior no es gratuita: una hormiga gigante, de la raza de hormigus sadicus se introdujo en aquel lugar que yo tan pudorosamente ocultaba con la falda de mi vestidito, y muy satisfecha de la exploración, la hija de la grandísima puta me incrustó la mandíbula ésa chunga que tienen. Imagina mi cara. No pude soportarlo, y metí mi brazo, contorsionándome bajo la falda como en una tienda de campaña, para apartarla de mi, entonces, virgen tesorito, y la cabrona no cedía.

Saqué MEDIA hormiga.

Te juro que la cabrona, antes de soltar, se dejó partir. Y hasta que no encontré un baño no pude terminar de quitármela. No sé los bichos japoneses, pero algunos españoles son jodidísimos, tú.

 
At 2:39 p. m., Blogger Don Guri said...

Jezabel: XDD Mientras no me maten a mí para que deje de chillar...

Gato: Gato, Gato, Gato... Menuda historia. Me pones en bandeja hacer algunos comentarios como...
- Esa hormiga no era una sádica, era una pervertida.
- Probablemente podrías salir en el Guiness como la primera mujer violada por un insecto.
- Si se agarró con esa tenacidad, seguramente sería un hormigo. Conozco a tíos que también preferirían que los partieran en dos antes que soltar cuando pillan cacho.
- Si vuelves a tener ese problema, tranqui, que me das un toque y yo te ayudo ;)
...Pero bueno, después de pensarlo mucho he decidido no hacer esos comentarios, para que no se ofenda nadie.

. . .

(¿Ha colado?)

 
At 3:04 a. m., Blogger Gato said...

Casi.

 
At 1:03 a. m., Anonymous Anónimo said...

Hola soy el amigo.

Pues si recuerdo ese día... la verdad es que me ha servido para que mi cerebro despertara neuronas moribundas...

Recuerdo que la puñetera tenía una pinta chunguisima! De las que olvidas que pueden solo picar y causarte un poco de dolor. Era de las que te imaginas que te pueden descuartizar a pesar de ser unas 10 0 veces más pequeñas que un hominido medio.

Un saludo.

 

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